Una nueva realidad financiera
Hablar de finanzas sanas en un gobierno no es un asunto menor. Detrás de las cifras están los salarios de los trabajadores, los servicios públicos, las obras y, en general, la capacidad de una administración para responder a las necesidades de la población.
Por ello, los resultados que hoy presume el Gobierno del Estado de Colima merecen atención. Las evaluaciones de Fitch Ratings y HR Ratings muestran una percepción favorable sobre el manejo de las finanzas estatales, en contraste con el escenario que se vivió hace apenas algunos años.
No hay que olvidar que, hace cinco años, a pocos meses de concluir la administración anterior, el propio gobierno reconoció una situación financiera complicada que llegó a poner en riesgo el pago de salarios a trabajadores.
El panorama, al menos de acuerdo con los indicadores y las declaraciones de la actual administración, es distinto.
La gobernadora Indira Vizcaíno ha señalado que durante 2026 no será necesario recurrir a un crédito de corto plazo para cubrir el gasto corriente, una práctica que se había convertido en una herramienta recurrente para enfrentar las obligaciones financieras del estado.
Si esto se mantiene, representa un cambio importante: no tener que pedir prestado para cubrir las necesidades ordinarias significa contar con mayor margen para planear, invertir y atender otras prioridades.
La secretaria de Planeación, Finanzas y Administración, Fabiola Verduzco Aparicio, incluso ha señalado que Colima cuenta actualmente con estabilidad suficiente para afrontar sus compromisos y que se busca dejar una administración en mejores condiciones que las recibidas.
También desde el ámbito económico se habla de resultados favorables. El secretario de Desarrollo Económico, Francisco Rodríguez García, sostiene que Colima se mantiene entre las entidades con mejor desempeño económico del país.
Pero aquí es donde conviene hacer una pausa.
Una buena calificación financiera y unas cuentas públicas ordenadas son importantes, pero no pueden convertirse en el único parámetro para medir el bienestar económico de un estado. Las finanzas públicas pueden estar equilibradas y, al mismo tiempo, existir sectores de la población que continúen enfrentando dificultades para llegar a fin de mes.
Por eso, el verdadero reto no termina con mantener números positivos. El siguiente paso debe ser convertir esa estabilidad en mejores servicios, infraestructura, empleos, inversión y oportunidades para los colimenses.
Si hace cinco años el problema era cómo salir de una crisis financiera, hoy el desafío debería ser cómo aprovechar una posición más estable para construir un estado con mayor crecimiento y mejores condiciones para su población.
Las finanzas sanas son, sin duda, una buena noticia. Pero deben ser el punto de partida, no la meta final.
Porque un gobierno no solamente debe entregar cuentas ordenadas; también debe lograr que esos números positivos se traduzcan en resultados que puedan sentirse en la vida cotidiana de los ciudadanos.
