Comparte López Luján los secretos de Coyolxauhqui y Tlaltecuhtli en la conferencia “Diosas de Piedra”
*El arqueólogo, responsable del Proyecto Templo Mayor, compartió con estudiantes de bachillerato y licenciatura la historia del descubrimiento de dos de las esculturas mexicas más relevantes halladas en el corazón de la Ciudad de México.
Ante estudiantes de bachillerato y nivel superior, académicos y cronistas, el arqueólogo Leonardo Náuhmitl López Luján dictó la conferencia “Diosas de piedra: Coyolxauhqui, Tlaltecuhtli y el Templo Mayor de Tenochtitlan”, la tarde de este jueves 17 de septiembre en el Museo Universitario de Artes Populares María Teresa Pomar, de la Universidad de Colima.
El evento fue moderado por la maestra Krishna Naranjo Zavala y el director del Museo de Artes Populares María Teresa Pomar, Jaime Guillermo Bricio Barrios, quienes animaron al público a realizar preguntas y comentarios al investigador.
López Luján, actual responsable del Proyecto Templo Mayor, explicó que excavar en el Centro Histórico de la Ciudad de México (inscrito junto con Xochimilco en la Lista del Patrimonio Mundial desde 1987) implica trabajar bajo tres ciudades superpuestas: la capital actual, la Ciudad de México virreinal y, en el estrato más profundo, la isla de México-Tenochtitlan.
A diferencia de sus colegas que trabajan en sitios abiertos, dijo, los arqueólogos de la capital excavan “donde podemos o donde nos dejan”. El especialista narró el hallazgo de la Coyolxauhqui en 1978, cuando trabajadores de la compañía Luz y Fuerza del Centro toparon con el monolito a metro y medio de profundidad. Contó una anécdota poco conocida: al enterarse del descubrimiento, el entonces presidente José López Portillo acudió al sitio, y los trabajadores lavaron la escultura para que luciera reluciente ante él, sin saber que estaba pintada originalmente; la limpieza borró casi todo el color.
Ese hallazgo, en pleno auge petrolero del país, explicó, derivó en el Proyecto Templo Mayor, iniciado en 1978 bajo la dirección de Eduardo Matos Moctezuma —recientemente nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Colima—, quien dirigió las primeras tres temporadas de excavación.
López Luján explicó que él tomó el relevo en 1991 y continúa al frente del proyecto hasta la fecha.
El investigador detalló el mito detrás de la escultura: Según el relato recogido en el Códice Florentino, Coatlicue quedó embarazada después de guardar en su pecho una bola de plumas que descendió del cielo, lo que llevó a sus hijos Coyolxauhqui y los Centzon Huitznahua a intentar matarla por considerarla deshonrada. Huitzilopochtli nació en ese momento y decapitó y desmembró a su hermana Coyolxauhqui, arrojándola al pie del cerro Coatepec.
De acuerdo con la interpretación expuesta por López Luján, el mito representa la lucha del Sol, personificado por Huitzilopochtli, contra las fuerzas nocturnas: Coyolxauhqui, asociada con la Luna, y los Centzon Huitznahua, vinculados con las estrellas, un combate que el sol gana solo temporalmente, “cuando las fuerzas nocturnas se recuperan con la llegada de la noche”.
Al referirse a la segunda deidad, Tlaltecuhtli, López Luján relató que el monolito fue descubierto el 2 de octubre de 2006, durante trabajos relacionados con la construcción de un museo de indumentaria indígena en el predio de las calles de Argentina y Guatemala. “Un trabajador, al excavar más allá del límite marcado, topó con el monolito más grande de la civilización mexica conocido hasta hoy, mayor incluso que la Piedra del Sol. El hallazgo fue tan relevante que el proyecto del museo se canceló y en su lugar comenzaron las excavaciones”, agregó.
López Luján explicó que la escultura, tallada en andesita rosácea procedente del cerro El Tenayo, resultó tener un diseño perfectamente simétrico.
Durante la sesión de preguntas, los estudiantes de bachillerato tuvieron oportunidad de cuestionar directamente al investigador sobre los hallazgos y su significado.
López Luján cerró destacando que ambas diosas -—Coyolxauhqui, con su cuerpo pintado originalmente en ocre, azul, blanco y negro sobre fondo rojo, y Tlaltecuhtli— siguen ofreciendo claves para entender la cosmovisión mexica más de 500 años después de la caída de México-Tenochtitlan.
En entrevista posterior, compartió sentirse muy emocionado. “Fue estimulante ver un auditorio lleno no sólo de colegas y de buenos amigos míos, sino de muchísimos jóvenes de nivel de bachillerato y universitario. Disfruté mucho los comentarios y las preguntas al final de la charla”.
Destacó que conocer y recuperar el pasado histórico es una tarea que no corresponde únicamente a especialistas en arqueología e historia, sino a toda la sociedad mexicana. El legado de los pueblos originarios, dijo, forma parte de nuestra identidad y puede orientar la construcción de un futuro mejor, siempre que se reconozca a quienes nos antecedieron como personas con virtudes y defectos, “pues son la mejor guía, la mejor luz que podemos tener en la actualidad”.
