UdeC abre reflexión sobre IAG y nuevas tecnologías en el aula”

Inauguran Foro Habitar lo Digital_Rector

*Se realizó el primero de dos foros llamados “Habitar lo Digital, Bienestar, Aprendizaje y Futuro”; el rector Christian Torres Ortiz Zermeño pidió no olvidar que “detrás de toda tecnología seguimos estando las personas”.

Generar espacios de reflexión colectiva entre los distintos sectores sociales y la comunidad universitaria para analizar los desafíos y oportunidades de las nuevas tecnologías ante el avance de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG), con miras a construir una ruta de guía crítica, ética, segura y responsable, es el objetivo del Foro de Cultura Digital “Habitar lo Digital, Bienestar, Aprendizaje y Futuro”, inaugurado este viernes 25 de septiembre por el rector Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño en el Paraninfo Universitario.

Al inaugurar el foro, Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño, rector de la Universidad de Colima, destacó la respuesta de la comunidad ante la convocatoria y adelantó que las aportaciones generadas tanto en esta sede como en la de Manzanillo, el próximo martes 29, servirán para construir el Programa Institucional de Cultura Digital. Hasta este momento, se han inscrito 144 ponentes en total.

Ambos foros, agregó, “son un espacio que nos invita a hacer una pausa y reflexionar sobre la manera en que estamos viviendo nuestra relación con la tecnología. La inteligencia artificial, la transformación digital y las nuevas herramientas están cada vez más presentes. Aprender a utilizarlas es apenas parte del reto”.

Advirtió que estas tecnologías recientes están comenzando a transformar lo que las personas aprenden, cómo trabajan y cómo se comunican. “Necesitamos preguntarnos para qué las estamos utilizando y qué impacto queremos que tengan en nuestras vidas, en nuestros procesos educativos y en nuestra sociedad. Como institución educativa nos corresponde formar parte de esta conversación y contribuir a orientarla”.

Comentó que las tecnologías deben ser herramientas para ampliar las capacidades, fortalecer aprendizajes y generar más y mejores oportunidades, “sin sustituir nuestra responsabilidad como personas y como comunidad”. En este sen6tido, dijo, “las reflexiones que aquí se generen nos ayudarán a seguir construyendo una universidad mejor preparada para el futuro y consciente de que detrás de toda tecnología seguimos estando las personas”.

Lo acompañaron en el presídium: Adolfo Núñez González, secretario de Educación y Cultura del Estado en representación de la gobernadora Indira Vizcaíno Silva; Joel Nino Jr., secretario general de la UdeC; Susana Aurelia Preciado Jiménez, coordinadora general de Docencia y Gerardo Emanuel Cárdenas Villa, coordinador general de Tecnologías de Información. Al evento asistieron políticos, presidentes de cámaras empresariales y representantes de instituciones educativas del estado.

Los de adelante corren mucho

El doctor en políticas educativas, Juan Carlos Islas Casillas, investigador y docente del Departamento de Psicología Educativa y Salud del ITESO (Campus Guadalajara), encargado de dar la conferencia inaugural. “El contrato didáctico frente a la inteligencia artificial”, advirtió que la inteligencia artificial generativa no solo asiste al estudiante, sino que transforma las reglas no escritas de la enseñanza. Frente al plagio y la erosión cognitiva, propuso renegociar los acuerdos en el aula en lugar de prohibir la tecnología.

Puso sobre la mesa una interrogante ineludible para la educación superior: ¿qué pasa cuando el acuerdo implícito entre docentes y estudiantes es mediado por un algoritmo? Para responder la pregunta utilizó el concepto de “contrato didáctico” creado por Guy Brousseau, que establece tres dimensiones fundamentales: la epistémica (qué se considera conocimiento válido), la de agencia (la capacidad del estudiante para construir su propio aprendizaje) y la de responsabilidad (los roles y compromisos de cada parte).

La irrupción de la IA generativa, explicó Islas Casillas, ha sacudido estas bases. A diferencia de tecnologías previas que sólo amplificaban el trabajo docente, las herramientas actuales “interpretan, retan, descuidan, cuestionan y hasta descalifican” la labor del docente.

Habló de dos caminos. En uno, el estudiante emplea la IAG sólo para pedir apoyo en la generación de un esquema o par entender conceptos difíciles, pero él escribe el texto. En el otro, el alumno sólo pide un ensayo, que luego copia y pega en un documento al que le pone su nombre. El primer caso puede ser enriquecedor, dijo, y el segundo es un plagio. Sin embargo, ambos caminos lo inquietan; ambos muestran cómo han cambiado las reglas del juego y cómo el contrato pedagógico tradicional (contrato didáctico) parece haberse roto.

Con una referencia a la canción “Los Caballitos” de Cri-Cri, donde se afirma que los de adelante corren mucho y los de atrás se quedarán, advirtió que quien solo le pide cosas “a la maquinita” se queda atrás. La salida que ve, por ahora, “es sofisticar nuestro conocimiento, perderle el miedo, perderle el respeto a la maquinita e irnos hacia niveles más avanzados”.

La letra pequeña

Islas Casillas identificó cinco riesgos estructurales en el uso de la IAG:

Sesgo algorítmico; esto es, los sistemas de IAG se entrenan con datos que reproducen desigualdades históricas; Opacidad de los sistemas; al no saber cómo procesa la información, las personas aceptan o rechazan lo verosímil sin evaluar el razonamiento de fondo y Vigilancia y extracción de datos; es decir, la experiencia educativa se convierte en materia prima. “Si tienes algo gratis, entonces el producto eres tú”, advirtió.

Otro es: Nueva educación bancaria algorítmica. Aquí dijo que si en la educación bancaria clásica -inspirado en la educación bancaria de Paulo Freire- el docente depositaba información que el estudiante archivaba, en la versión algorítmica el sistema deposita respuestas verosímiles bajo demanda. El estudiante no procesa, no reproduce y a veces ni entiende.

El último es la Inequidad y colonialismo tecnológico. Aquí dijo que en contextos privilegiados, la IA amplifica capacidades, pero en contextos excluidos profundiza las desigualdades. Es decir, los estudiantes con menos tiempo y recursos se ven más inclinados a recurrir a la IA para cumplir con las mismas exigencias académicas que quienes más recursos y tiempo tienen.

Frente a este panorama, la solución no es la prohibición, dijo, sino la transparencia. “El contrato con la IA ya existe de facto; en cada estudiante que consulta la aplicación antes que al docente, en cada profesor que tolera su uso sin haberlo conversado”, apuntó Islas Casillas. La renegociación empieza por reconocerlo y firmarlo entre todos.

Propuso también establecer lo que llamó Contratos de Aprendizaje Explícitos: acuerdos pedagógicos entre docentes y estudiantes donde se defina para qué tareas está permitida la IA y bajo qué condiciones. “Cuando la uses, declara cómo, para qué y con qué resultados. Serás evaluado por dudar, verificar, cuestionar y mejorar lo que la IA te ofrece”, es la nueva regla de oro.

La diferencia que ve entre una prohibición y un contrato de aprendizaje es la misma que existe entre la obediencia y la agencia. Un desafío mayúsculo si se considera que, de acuerdo con datos de UNESCO y CEPAL, solo el 22% de los docentes en América Latina cuenta con formación formal para el uso pedagógico y ético de la IA.

Retomó la figura del sparring, esto es, la de un entrenador que confronta, no un oponente pasivo, para proponer que la IA se use libremente en el trabajo individual, mientras el aula recupera su función de Ágora, esto es, de un espacio de diálogo directo, libre de dispositivos, como en la antigua Grecia.

Al término de su participación, el doctor Islas Casillas recibió un reconocimiento por parte de las autoridades universitarias.